Si uno no mira más allá de lo que son las meras cifras, los planes de pensiones constituyen una categoría más de productos de inversión, eso sí, con el objetivo mínimo de preservación del poder adquisitivo. No obstante, como productos que invierten en el mercado están sujetos a su volatilidad y rentabilidad. Por ello, no es de extrañar que en el contexto actual, muchos de ellos acumulen rentabilidades negativas en el año. De mantenerse esta tónica en los mercados de renta variable (y las perspectivas no son halagüeñas) y renta fija, muchos de ellos no conseguirán ni siquiera batir el nivel medio de inflación. No obstante, esto no indica que en el medio-largo plazo no lo consigan, pero el timing de las decisiones de reembolso va a resultar crucial (siendo en algunos casos muy perjudicial para el partícipe).
Si alguna lección nos deja este episodio de crisis es su carácter global, ya que incluso las categorías de inversión más seguras, o por lo menos a priori menos expuestas a las turbulencias del mercado, acaban viéndose afectadas por su evolución. Un ejemplo claro son los planes de pensiones garantizados, que en el año se han llegado a dejar más de un 10%, debido en gran parte a los efectos de valoración de la renta fija ( que ya hemos comentado en ocasiones anteriores).